Suele decirse que hay que mirar siempre el lado positivo de la vida, pero por muy optimistas que seamos a veces dicha visión resulta francamente complicada. Estoy hablando como no podía ser de otro modo de la tragedia ocurrida en Japón, de ese terremoto que se ha llevado por delante pueblos enteros, miles de vidas y ha dejado tras de sí un tsunami de devastación. Ahora personas con aspiraciones, esperanzas e ilusiones truncadas deberán enfrentarse al mayor reto de sus vidas: reconstruir un país que se debate entre el pesimismo y la heroicidad.
Desde este sitio que se me permite ocupar en Cotizalia no puedo dejar de fijar la vista en lo sucedido, aunque muy probablemente el análisis económico sea el menos importante de los filtros para acercarse a un suceso de estas características. Hay tantas cosas no mesurables que tratar de abarcarlas con economía es atrevido, aunque es la forma que tenemos de valorar, de hacernos a la idea de las magnitudes existentes. Así, sin dejar de lado lo intangible, me gustaría presentarles los principales detalles financieros de lo que ha ocurrido.
Comencemos por los mercados ¿Cómo se toma todo esto la bolsa, el yen o la deuda pública? No podemos afirmar nada con seguridad pues estamos ante algo tremendamente extraordinario; un temblor de nivel 9 en la escala de Richter. Los analistas para enfrentarse a la incertidumbre han mirado atrás en busca de símiles y los han encontrado en el terremoto de Kobe, sucedido en enero de 1995, si bien fue de “solo” siete puntos en la escala de Richter. Por ello las conclusiones hay que cogerlas con pinzas, aunque parece que hasta el momento se cumplen, no sé si porque la situación es realmente parecida financieramente o por lo que se conoce como profecía autocumplida. Sea lo que fuere podríamos ver a corto plazo una fuerte caída del Nikkei así como una revalorización del yen, o eso pasó hace 16 años.
Hay que remarcar eso sí el corto plazo, porque como vemos en las gráficas los efectos de los primeros meses fueron contrarrestados en los siguientes, dejando a finales de 1995 unos resultados muy similares a principios de año. Podría suceder que, al ser el actual un momento de mayor gravedad, acelerase las reacciones o las hiciese más bruscas. Hablamos en cualquier caso de una referencia y no una guía para desastres, por ello los pronósticos podrían fallar esta vez aún siendo a donde están mirando actualmente los “gurús”.
El “rationale” del movimiento se explica por las pérdidas sufridas por las empresas, tanto por materiales como intangibles (ánimos, cierres, etc), golpeando especialmente a las aseguradoras. Por otra parte, la necesidad de repatriar capitales invertidos para reconstruir el país actúa en las divisas como una mayor presión para la moneda nipona. Eso o el hecho de que los traders de divisas se esperasen dicho movimiento posicionándose en consecuencia en línea con lo ocurrido tras “Kobe”. Los países que podrían verse afectados como contrapartida del drenaje de fondos son fundamentalmente EEUU y las Islas Caimán.
Será complicado predecir lo que ocurrirá con la deuda pública. Como vemos en esta gráfica de Reuters, el comportamiento resultó un tanto errático. En un primer momento el diferencial de su deuda a 10 años con Estados Unidos se redujo, por tanto aumentó en un mayor nivel o se redujo menos la rentabilidad oriental que la occidental. Algo lógico, puesto que la mayor emisión de deuda provocaría, al menos en la teoría económica, unos mayores pagos para atraer inversores. No obstante a lo largo de los meses el proceso se invierte y acaba siendo “beneficioso” para la deuda pública del país disfrutando de unas mejores condiciones para financiarse.
¿Curioso, no? Es posible que los estímulos del Banco de Japón hayan tenido algo que ver, y de hecho en otra similitud con el pasado parece que dicha actitud se repetirá. En principio no con rebajas de tipos pero sí con inyecciones de dinero en el mercado abierto para garantizar la liquidez y el apoyo al sistema financiero. Se especula con una cantidad de ayuda a las entidades financieras que triplicaría la liquidez otorgada en una situación normal, lo que no sería descartable que a medio plazo acabase repercutiendo en los intereses de la deuda soberana.
De no ser esto seguramente será alguna otra medida, y personalmente no descartaría incluso más quantitative easing. No sé si recordarán hace dos semanas en esta sección “la radiografía” de la solvencia soberana nipona en el artículo “Nubes negras sobrevuelan Japón”. Pues bien, a la ya de por sí complicada situación se une una desgracia natural que puede hacer tomar medidas extraordinarias. En cualquier caso a mi juicio lo que ocurra en este sentido será difícilmente pronosticable, salvo numerosas y previsibles multitudinarias acciones de estímulo de las autoridades desde todos los frentes.
S&P cree que este será el terremoto más caro de la historia, las primeras cifras hablan de 100.000 millones de dólares y eso siempre que no ocurra nada inesperado y fatídico con respecto a las centrales nucleares. Las principales perdedoras serán las aseguradoras, que tendrán que hacer frente a gran parte de la cantidad final puesto que Japón, por motivos obvios, es un país en el que tienen gran presencia. Las más afectadas se dice que serán Munich Re y Swiss Re, de las cuales se deducen daños colaterales para Warren Buffett y BlackRock, principales accionistas de ambas.
Por último en el PIB, en ese indicador que todo el mundo quiere mirar aunque no sea el más adecuado en estas situaciones, hay opiniones encontradas. Para algunos será un mazazo difícil de digerir, la pérdida de instalaciones, la desmoralización, así como todo el tiempo que se tendrá que dedicar a reconstruir lo perdido provocará un importante bache. Para otros, estamos ante un “new deal” que impulsará la economía japonesa y a las empresas que se encargen de la reconstrucción. De este lado se sitúa Societe Generale.
No obstante, aunque llegase a crecer más el PIB a largo plazo no sería riqueza real sino “ficticia”, por ello hablar de efectos positivos resulta inapropiado. Además lo que parece seguro es que la producción industrial sufrirá una caída importante, algo inusitado en un país como Japón, al igual que ocurrió en 1995 con “Kobe”. Sea lo que sea, mis deseos con la mejor suerte para este pueblo que ha demostrado ser en muchos aspectos como la productividad o la exportación el espejo en que mirarnos, ojalá dentro de lo malo las cosas salgan lo mejor posible.
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