La moneda única, forjada en las profundidades de la antigua Comunidad Económica Europea, afronta días difíciles. Quizá su exámen más crítico, como vaticina la cancillera alemana Angela Merkel. En los buenos tiempos, la Unión hizo la fuerza, pero desvió la atención de las debilidades. Más de una década después de activarse la divisa que unió a doce monedas nacionales como la peseta española, el franco francés, el marco alemán o la lira italiana, entre otras, ha resucitado uno de los fantasmas de los euroescépticos: su rigidez.
El debate sobre un potencial desmembración parcial del euro se ha extendido en las últimas semanas sobre muchas economías europeas y, en particular, sobre las más débiles. Países como España, Italia o Portugal han visto como frente a la crisis económica y financiera carecen del arma principal que les ayudó en el pasado a salir del pozo: la devaluación de su divisa, que consigue ajustar los desequilibrios económicos adquiridos (déficits, salarios, competitividad..) en periodos de bonanza. Pero la pertenencia al euro impide este truco macroeconómico utilizado en el pasado en tiempos de crisis.
Los países más débiles están ligados a los más fuertes como Alemania o Francia a través de la Unión Monetaria. "Se está produciendo señala en un informe Paul Donovan, parte del equipo de economistas del banco de inversión UBS. Este caldo de cultivo se asemeja al que se produjo en el nacimiento del sistema monetario europeo a principios de los años 90, con el ataque de varios hedge funds a la libra británica, que tuvo que salir del de aquella primitiva unión pese a la intervención del Banco de Inglaterra. Esta misma semana, George Soros, el protagonista de aquella gran batalla en los mercados, ha reaparecido en pleno debate sobre el euro tras revelarse una reunión con otros inversores para apostar por la paridad euro-dólar.
Los analistas consideran que es muy difícil que alguno de los estados miembros, o todos, abadonen la disciplina del euro. "No creemos que la Unión Monetaria Europea se vaya a romper. Los costes de romper el euro, en esta fase, superan con mucho sus beneficios. Mucho mejor, en nuestra opinión, es entrar en suspensión de pagos en el seno del euro que incurrir en los costes políticos, económicos y sociales de tratar de sobrevivir en el exterior", añaden desde UBS.
En este sentido, las consecuencias de un hipotético abandono del euro para un país consistirían en denominar la deuda pública viva en la nueva-antigua divisa, un cambio tan radical de las condiciones del país emisor que se igualaría al de una bancarrota o suspensión de pagos. Coinciden en alertar de esta tentación desde la agencia de calificación S&P y añaden que si se opta por mantener la deuda en euros, la profunda devaluación de la nueva divisa multiplicaría el valor real de la deuda mantenida en euros, con lo que la capacidad de repago y el acceso a nuevas fuentes de financiación quedarían en una misión casi imposible.
Antecedentes de rupturas monetarias
"A pesar de que pensamos que el euro se ha conservado intacto es evidente que, en términos económicos, el euro no funciona. Es decir, hay partes de la eurozona área que hubieran ido mejor económicamente si nunca se hubiesen unido. Esto no es un argumento para apartarse [del euro], pero plantea preguntas acerca de los factores que construyen el éxito económico en las uniones monetarias y que ocurre cuando estos factores no aparecen", añaden desde esta firma.
En cuanto a los antecedentes históricos de la unión monetaria se mencionan la intervención temporal de EEUU en 1933,y el colapso de la Unión Checo-Eslovaco monetaria en 1993, referentes históricos de lo que se hace mención. A mediados de los años 30, en plena Gran Depresión estadounidense, una mayoría de estados de EEUU adoptaron restricciones a las transferencias bancarias y una especie de corralito que no fue seguido por todos. Sin embargo, después de casi un lustro de cierta flexibilidad interna en materia de tipos de interés y emisión de dinero, se reconstruyó la unión.
Un escenario que a algunos economistas les recuerda a la fase previa de pertenencia al euro de las monedas que van a ingresar en él, como les ocurre a los futuros candidatos a ingresar en la unión. Durante varios años se convierten en monedas y economías satélite que gravitan alrededor de la moneda única hasta que cumplen los criterios de convergencia y se ratifica su adhesión. La posibilidad de volver a esta fase de cuarentena y vigilancia es precisamente uno de las posibilidades planteadas para dotar de flexibilidad monetaria a los Estados miembro del euro más débiles.
"Existen algunos tentadores paralelismos entre la situación de EEUU en la década de 1930 y la posición del euro en la actualidad. La unión monetaria de EEUU, aunque efectivamente terminó a principios de 1933, fue capaz de reestablecerse mediante la adaptación de sus instituciones. En particular, la movilidad del mercado laboral y las transferencias fiscales a través de fronteras fueron finalmente decisivas en la generación de un área monetaria más suave de funcionamiento", dice el informe.
Esto explica como en plena crisis fiscal de Grecia se ha puesto sobre la mesa la posibilidad de un rescate liderado principalmente por países más prósperos como Alemania. "Las uniones monetarias implican el sentido de comunidad económica. Esto significa que las zonas más prósperas deben, de hecho, subvencionar las partes de la unión monetaria que se encuentran en una situación de desventaja económica. Las transferencias fiscales son el precio que tiene que ser pagado para crear una unión monetaria de un tamaño significativo", señalan.