por:s.mccoy
Que en el mundo financiero abundan las modas no es ninguna novedad. Determinados conceptos van y vienen de las primeras planas de los periódicos de forma recurrente. Son interesadamente rescatados del olvido cuando conviene para reforzar un determinado mensaje y arrinconados de nuevo una vez se desvanece su utilidad. Es lo que acertadamente ocurrió en el mes de julio con el indicador adelantado ECRI, cuyas lecturas negativas por encima de 10 se asociaron con la segura llegada de una recesión económica en Estados Unidos, afirmación basada en la solidez aportada por sus series estadísticas (hay que reconocer que no ha ido muy desencaminado si nos atenemos a los datos macro que se han ido conociendo). Y es lo que erróneamente ha ocurrido en el mes de agosto con el llamado Hindenburg Omen, señal técnica que auguraría un colapso de los mercados bursátiles en este mes de septiembre que está a punto de comenzar.
Creado por un inversor amateur ciego, Jim Miekka, autor de un boletín de bolsa de apenas 100 suscriptores, el fundamento de su dramatismo se encuentra en la excepcionalidad de su aparición que requiere de la conjunción, el mismo día de negociación, de cinco factores simultáneos: media móvil a 10 días del mercado al alza y indicador McClellan de entrada de flujos al mismo a la baja; que el número de valores en nuevos máximos y mínimos a 52 semanas se sitúen simultáneamente por encima del 2,5% del total; y que los nuevos máximos no dupliquen los mínimos en cuantía. De ser así, interpreta el autor que estaríamos ante una importante señal de divergencia que se resolvería de modo negativo. Aunque su validez es limitada, sólo el 25% de las veces que se ha activado se ha producido un crash (aunque tres de cada cuatro ocasiones ha venido acompañado de una pérdida de, al menos, el 5% en el valor de las acciones), lo cierto es que desde 1987 todos los batacazos del mercado han venido precedidos por la aparición de esta señal. La última vez que vio la luz fue el pasado 12 de agosto, repitiéndose tal fenómeno el viernes 20 y el martes 24.
Pese a que gran parte de los estrategas y analistas en Estados Unidos han rechazado su valor, comenzando por quien pudiera haber actuado como fuente de inspiración para Miekka, Norman Fosback, su notoriedad se ha multiplicado gracias a las continuas alusiones que al mismo se han realizado desde medios presuntamente serios como el Wall Street Journal, que le ha dedicado numerosas piezas a lo largo de los últimos 10 días -la última de ellas el pasado jueves, segunda noticia más leída del día en su edición online-. De hecho su búsqueda en internet se ha multiplicado sustancialmente en fechas recientes alcanzando niveles por encima de, por ejemplo, las vinculadas al vertido de petróleo en el Golfo de México tal y como muestra Google Trends (interesante este post sobre el particular). Y su fama crece en la medida en que las continuas pérdidas de las bolsas norteamericanas retroalimentan su predicción de una caída del 20% en las mismas para finales de septiembre (sus vaticinios se concretarían en el bíblico periodo de 40 días). El 3,2% de minusvalías acumulado en apenas 15 días darían carta de validez preliminar a su pronóstico.