Día memorable el de ayer para los que seguimos los mercados. Todos, absolutamente todos los indicadores de aversión al riesgo lanzaron señales de alerta, los rumores de intervención por parte de los distintos bancos centrales ocuparon la primera plana de los feeders financieros, hubo toda suerte de noticias sobre movimientos de flujos importantes entre activos y países, se batieron marcas históricas tanto en términos absolutos como relativos, los datos macro decidieron sumarse a la fiesta con su correspondiente dosis negativa, se rompieron soportes técnicos significativos y, aún así, el IBEX cerró con una pérdida poco superior al 1% en la jornada en que se conocía el Día D para la entrada del Banco de España en Cajasur, este viernes. ¿Alguien da más? Estamos viviendo, sin duda alguna, momentos históricos. Les aconsejaría que los disfrutaran pero no procede. Ayer se activó en "modo pánico" total. A ver qué sucede hoy tras la aprobación in extremis de la Reforma Financiera en el Senado USA.
Así, la volatilidad en términos de VIX se disparó hasta el nivel de 46 frente a los 16 a los que cotizaba hace apenas un mes (con un 30% de rebote intradiario sólo ayer que miren lo que implica); la rentabilidad del bono alemán a 10 años –pese a las disensiones comunitarias sobre su decisión unilateral de prohibir las ventas en corto- se situó en mínimos históricos (cerca del 2,7%), gracias a unas compras masivas que hasta ahora se habían limitado a los plazos más cortos de su curva; las monedas de carry trade como el dólar australiano y el real brasileño sufrieron ventas significativas frente al billete verde, con una fuerte ruptura en el caso del primero de los niveles de soporte; hubo chau chau de intervención tanto del yen japonés como del franco suizo, debido a la fuerte apreciación que vivieron como consecuencia de la entrada masiva de fondos a sus sistemas, y también del euro, que repuntó sorprendentemente por encima del 1,25, probablemente por cierre de cortos ante el miedo a menor disponibilidad de financiación; conocimos que sólo la semana que terminó el miércoles 12 de mayo salieron 8.600 millones de los fondos de acciones domésticas de Estados Unidos; continuaron las ventas tanto de bolsa china -que acumula minusvalías del 22% desde el inicio de 2010, exactamente igual que España ex dividendos- como de firmas bancarias alrededor del planeta, con especial énfasis en Goldman y Citigroup; el petróleo rozó el nivel de 69 dólares por barril tras cotizar a cerca de 90 a principios de mes; el resto de las materias primas no le anduvieron a la zaga, encabezadas por el cobre; el mal dato de mora hipotecaria (14% entre ejecuciones y retrasos) y de inflación estadounidense del miércoles (la peor en subyacente en 44 años), unido al empeoramiento de los indicadores adelantados y del empleo conocidos ayer, pesaron incluso sobre el oro que no logró superar el nivel de 1.200 dólares la onza ante la retirada de aquellos que lo utilizaban como cobertura frente a un escenario de crecimiento saneado y precios disparados (no en vano los TIPS señalaban una inflación implícita a 10 años del 1,93%); se liquidó cualquier posición de riesgo, aún ganadora. And so on and so forth.
No ayudaron tampoco las declaraciones políticas, como las del Ministro de Finanzas alemán advirtiendo de la necesidad de establecer un mecanismo de insolvencia para los estados miembros de la UE, el análisis de aquellos que defienden que USA está llamada a ser la próxima Grecia en un plazo relativamente corto de tiempo (¿adivinan quién? Bingo, Nouriel Roubini), o la mayor acumulación de informes negativos de gurús sobre bolsa en mucho tiempo. Así Richard Russell, autor de las Dow Theory Letters, advertía de cómo la ruptura por debajo del nivel del flash crash de los mercados del pasado 7 de mayo, cuando se vieron caídas de hasta 1.000 puntos en el Dow, podía abocar a los índices norteamericanos al abismo; Seth Clarman, uno de los gestores de fondos estadounidenses más reputados gracias a ofrecer retornos anuales del 20% a sus partícipes desde 1982, preveía una nueva década perdida para los inversores ante los riesgos acumulados a nivel público; el muy seguido Jeremy Grantham de GMO proponía, por su parte, mantener en cartera únicamente aquellas multinacionales baratas con una adecuada exposición a mercados emergentes; y Raoul Pal, ex gestor de GLG se unía al club con unos gráficos de salir corriendo ante la perspectiva que exponen. No es de extrañar que ante tales mensajes, la liquidación de posiciones se acelerara de modo tal que ayer mismo, apenas el 7% de las acciones del S&P500 cotizaran por encima de su media móvil de 50 sesiones, un porcentaje no visto desde… los mínimos de marzo de 2009. Glups. Ni que el ratio put/call, indicador de cobertura de activos bursátiles, subiera hasta el máximo de tres años.
Prueba de que el peso de la macro está ahogando con su peso las buenas noticias micro es el dato que daba ayer la gente de Bespoke Investment: la media de retorno de las compañías en su día de publicación de resultados del primer trimestre se ha situado en un… -0,96%, el peor nivel en una década. Sin embargo, hay autores que crecen que la ocasión la pintan calva y que es momento de acumular posiciones de cara a un futuro dorado en la inversión en renta variable. Al veterano Barton Biggs, que se pronunció en tal sentido la semana pasada, se ha unido el jueves mismo el reputado estratega de Raymond James Jeff Saut que cree que las bolsas están condenadas a un periodo de convalecencia entre dos y ocho semanas que él aprovecharía para acumular títulos en cartera. De la misma opinión son tanto Laszlo Birinyi, descubridor de los Money Flows como instrumento de decisión, citado ayer por Bloomberg, como el trader Doug Kass que defiende que "el pánico es el principal aliado del inversor racional". Una opinión que se vería reforzada por los elevados niveles de sobreventa actuales. Por último, si de transmitir confianza de que esto no es el fin del mundo se trata, los directivos de las firmas estadounidenses llevan cuatro semanas comprando acciones de sus compañías a un ritmo similar al del suelo de mercado de hace poco más de catorce meses. Que no todo van a ser desgracias…
¿Qué hacer? Se impone la cautela. Han transcurrido cerca de tres años desde el inicio de la crisis y estamos en peor situación que al principio, al menos por lo que a la parte financiera se refiere. El nuevo subprime es la deuda soberana de los Estados, acumulada alegremente en las carteras gracias a su nulo requerimiento de capital; los impagos y las quiebras de instituciones avanzan a ritmos históricos sin que los fondos de garantía den abasto para cubrir sus responsabilidades, al menos en Estados Unidos; la nueva regulación en términos de capital, solvencia e innovación llega en el peor momento y viene acompañada de una estricta observación del modus operandi de la banca de inversión; y los resortes monetarios y fiscales son cada vez más escasos y, por tanto, caros, como nos recuerda Bill Gross. ¿Hay señales de recuperación global? Sin duda. Pero muy precarias y sin continuidad aparente en la medida en el que el chorro de financiación permanezca cerrado, como parece que va a ser el caso atendiendo a los datos de interbancario y concesión de créditos. A partir de ahí, ustedes mismos. Llevo tiempo equivocándome al advertir que veríamos nuevos mínimos exactamente por las razones que ahora están sobre la mesa. Estos se sitúan un 30% más abajo, no lo olviden. Mi consejo es que no se precipiten. Apenas ha comenzado a llover ahí fuera.