martes, 22 de diciembre de 2009

Se acabó la financiación a tipos ínfimos

El balance del año 2009 para los mercados financieros es netamente positivo. Hace ahora un año, los distintos índices de riesgo de los mercados financieros se encontraban en unos niveles que ponían de manifiesto un elevado riesgo sistémico: la prima de riesgo interbancaria se sitúa ahora a un tercio del nivel de hace un año, indicando una cierta mejora del mercado interbancario; el diferencial del crédito corporativo de las emisiones a 5 años con grado de inversión, la rentabilidad exigida por el marcado por encima del retorno que proporciona la Deuda Pública, ha pasado del 4,3% al 1,7%; el índice de volatilidad VIX se ha reducido a la mitad; las bolsas (S&P, Eurostoxx) se recuperan en torno a un 17% y el Ibex más del 25%.

La actuación decidida de los bancos centrales bajando tipos agresivamente e inyectando enormes cantidades de liquidez han evitado un posible colapso del sistema financiero. Simultáneamente, los distintos gobiernos han puesto en marcha planes de estímulos que han llevado los déficit públicos de los países desarrollados a niveles inimaginables hace apenas un par de año. Como resultado, la previsión de crecimiento mundial en 2010 es generalizada, con excepciones como la de España. La vuelta al crecimiento se encuentra muy condicionadas por la ingente cantidad estímulos públicos de los distintos países.

La gradual recuperación económica global llevará a los Bancos Centrales a normalizar sus políticas monetarias, drenando paulatinamente la enorme liquidez inyectada al sistema. Los primeros afectados serán las entidades financieras, al no disponer de una fuente casi ilimitada de financiación a tipos ínfimos. En consecuencia, la colocación de la Deuda Pública de los distintos Estados no podrá depender tanto de la compra por parte de los bancos y cajas. A modo de ejemplo, el 70% de las emisiones de Deuda Pública española en 2009 ha sido adquirida por entidades financieras.

El periodo de financiación de los Estados a tipos de interés ínfimos (Letras del Tesoro a un año por debajo del 1%) llega a su fin. El aumento de los déficit públicos ha sido generalizado. Ahora toca financiarlo. La competencia por la captación del ahorro internacional será elevada. Los países que no dispongan de políticas claras y creíbles en la reconducción de los elevados déficit públicos hasta niveles razonables se verán penalizados: primero por las agencias de rating, y luego por los inversores.

Países como Irlanda, Portugal o España difícilmente podrán esperar a tener tasas consistentes de crecimiento para plantear programas creíbles de reducción de sus déficit públicos. De no poner dichos planes en práctica, su calificación crediticia se verá dañada, el coste de su deuda aumentará y la posibilidad de colocar sus emisiones en el mercado a tipos razonables se limitará.

Por el lado del crédito bancario no se pueden esperar buenas noticias para 2010. Las propuestas de la nueva regulación del sector bancario planteada por el “Comité de Basilea” implican un aumento de los requisitos de capital y un menor apalancamiento de los balances bancarios. En consecuencia, las entidades financieras tendrán que aumentar su nivel de recursos propios para mantener su nivel actual de préstamos.

Para que aumente la cantidad de crédito es necesario que el balance de los bancos incremente su tamaño. Las exigencias de los reguladores bancarios van precisamente en dirección opuesta. Los nuevos requerimientos de capital implicarán una reducción de los balances bancarios, reducción del volumen de créditos vivos, y simultáneamente un aumento de los recursos propios exigidos.

Para el nuevo ejercicio las expectativas son mejores que las existentes hace ahora un año, con un crecimiento mundial esperado cercano al 3%. Pese a ello no será un año fácil por la escasez del crédito y por la necesidad de tomar medidas impopulares de reducción del déficit público.
por Jesus Sanches.